Alberto Sánchez Mena


“Un viaje de mil millas comienza con el primer paso”

Lao – Tsé

La figura del viajero, hoy algo tan cotidiano, fue un producto de la cultura ilustrada de finales del s.XVIII. El afán de conocimiento, espoleado por los avances científicos y el ansia racionalista, llevarán al hombre a rebasar sus límites geográficos en busca de lo diferente, lo exótico, lo desconocido. O lo que es lo mismo: redefinir la civilización saliendo a su encuentro fuera de ella. En la siguiente centuria esta figura se consolida y evoluciona, y al viajero romántico ya no le basta con observar, sino que se hunde, se funde, en el medio vital que recorre. De la importancia de la percepción visual pasamos a la preponderancia de la percepción interior. Y de la herencia de estos dos conceptos surge el ideal del artista-viajero. Al mismo tiempo, en esta Europa decimonónica, surgen varias categorías estéticas de las que el artista se sirve para plasmar su experiencia: lo pintoresco y lo sublime. Lo pintoresco: la fascinación por la vida cotidiana. Una experiencia caracterizada por la sensación de complacencia asociada a la curiosidad y el asombro. Y en segundo lugar, lo sublime; la sensación de pequeñez del ser humano ante la grandeza de lo contemplado. La naturaleza abrumadora, su magnitud e impacto frente a la que nos sentimos frágiles, finitos y mortales. Del viajero decimonónico al contemporáneo las bases del juego han cambiado. La era de las telecomunicaciones y las posibilidades de la aeronáutica han revolucionado los conceptos de tiempo y espacio. Las categorías de lo exótico y lo remoto se han relativizado, las distancias acortado, y nuestra concepción de lo diferente muta en las coordenadas de una cada vez más elástica geografía. Así que viajar, en el sentido moderno del término, se ha convertido en la búsqueda de lo idéntico pero en escenarios distintos. Hoy evocamos paraísos a golpe de click. Con esta exposición queremos reflexionar sobre los mecanismos de la mirada del viajero contemporáneo, y rastrear lo que en ella hay de reciclado de aquellas viejas concepciones estéticas en nuestra manera de concebir el mundo que nos rodea. Viajamos más, y mejor, ¿pero miramos de manera diferente a cómo lo hacían nuestros antepasados? ¿Qué nos sorprende? ¿Qué cautiva nuestra mirada? ¿Qué hay de inmutable y humano en este mundo vertiginoso de cambios? ¿Cómo reaccionamos ante el encuentro con la naturaleza o la vorágine de lo urbano? ¿Con qué nos identificamos? Alberto Sánchez, hijo de la Generación Low Cost, personifica el estéreo.

Alberto Sánchez Mena (Madrid, 1984) es un fotógrafo vocacional que viaja, se detiene, escucha. Lleva consigo una cámara con la que descompone las ciudades mostrándonos fragmentos de la realidad. Los paisajes urbanos protagonizan gran parte de su obra. Las arquitecturas amenazan al espectador o le seducen, bailan en una composición que se antoja casi imposible. Su mirada selecciona rincones inauditos que conforman el mapa de su memoria. Huye de los sitios turísticos para mostrarnos retazos del paisaje que cautivan su atención, que de algún modo “le seleccionan” para ser fotografiados.

Sus cámaras le acompañan a todas partes y su carrera profesional cada vez se acerca más almundo de la fotografía. En los dos últimos años ha participado en el taller fotográfico organizado por Jorge Pozuelo y ha colaborado como asistente de Miguel Pereira endiversas ocasiones. Actualmente trabaja con Producciones Biombo, haciendo encargos de fotografía artística y cubriendo eventos.
Alberto Sánchez, Generación Low Cost, es su primera muestra en solitario, y su segunda colaboración con Calipsofacto Projects, que también comisariaron su trabajo en la colectiva Retrato. El paisaje de la memoria, (2011).

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ALBERTO SÁNCHEZ: THE LOWCOST GENERATION

A journey of a thousand miles begins with a single step (Lao-Tzu).

The figure of the traveler, something very common nowadays, was an Enlightenment’s cultural product born at the end of the 18th century. The pursuit of knowledge, spurred on by the scientific developments and the rationalist eagerness, leaded the man beyond his geographical limitations in pursuit of the exotic, the different, the unknown. In other words: to redefine civilization going out and meeting it outside itself.

 In the following century this figure asserts itself and evolves, and the romantic traveler won’t be content just with observing, but he’ll need to merge and to blend in with the living context he goes through. Inner perception outweighs visual perception. And as an inheritance of this two concepts emerges the artist-traveler’s archetype.

 At the same time, several brand new aesthetic categories arose in this nineteenth-century Europe: the Picturesque and the Sublime. The Picturesque: the fascination with the day-to-day life. An experience marked by a feeling of satisfaction associated with curiosity and astonishment. Secondly, the Sublime: the sensation of smallness before the quality of greatness; a greatness beyond all possibility of calculation, measurement or imitation, beyond human scale. The overwhelming nature, its magnitude and impact in face of which we feel powerless, mortal and fragile.

 From that nineteenth-century traveler to the contemporary one, the game’s rules have been changed. The telecommunications age and the possibilities of aeronautics have revolutionized the concepts of time and space. The categories of the exotic and remote have been relativized, distances shortened and our conception of what is different has morphed into the pursuit of twin but in different scenarios. We recall Paradise with a click of the mouse.

 With this exhibition we want to reflect on the contemporary traveler’s look mechanisms, and track some components of those old aesthetic conceptions recycled in it. We travel more, we travel better, but, do we look at the world differently as our ancestors did? What surprises us? What captivates our gaze? What remains unchanged and human in this world of vertiginous changes? How do we react to the encounter with nature or urban turmoil? What do we identify with?

 Alberto Sánchez, born in this Lowcost Generation, epitomizes the modern artist-traveler stereotype, who hand-held camera and backpacking around the world collects greats experiences under small budgets.


*fotos de Paula Que




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